Una Carta

Ha pasado ya un año. El verano pasado estuve viviendo mi primera gran aventura en autoestop por los Balcanes. Aquel día estábamos en Skopje cuando me llamaron desde casa para decirme que ya te marchaste de tu último viaje. Se me quedó grabada la expresión de tu cara que imaginaba estando de viaje cuando fuesemos a casa. Nos veía a los dos, a mí y a Koldo, sucios y malolientes, con nuestras mochilas y las caras cansadas pero sonrientes y a ti como siempre acurrucado en tu jardín transplantando alguna flor o cortando la hierba. Te dabas la vuelta para vernos y preguntabas como habíamos venido. Y al oír que hicimos todo el camino en autoestop te quedabas con la cara de sorpresa, susto y sonrisa al mismo tiempo. Así te voy a ver ya siempre. Un año después estoy de viaje de nuevo. Esta vez cruzando Rusia en autoestop ya tocando la puerta de Siberia. La última vez que hablamos me estabas vacilando con tu tono serio sobre que me iban a pegar un tiro en Kosovo. Tu singular sentido del humor. ¿Qué me dirías ahora? No lo sé. Lo que sé es que estés donde estés mis ideas te seguirán asustando pero sobre todo te llenarán de orgullo.

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